The Colonial Style Outdoor Lodge
--- Río Hurtado - Hurtado - Chile - Fono/Fax +56-53-691822 - dirección austriaca-alemana ---

 

fotos de caballos

 



















Nuestra Hacienda



Clark Stede, el fundador de la Hacienda.
En los muchos años que lleva viajando por del mundo, en sus expediciones a Africa y Asia, en ese primer viaje en velero circundando las costas del continente americano, en el cruce del paso nororiental (ver foto velero), en sus reportajes de viajes, Clark Stede ha visto mundo.



La pasaje del nordoeste

Y también este Chile, cuya gente y maravillosa naturaleza lo han impactado profundamente.

Igualmente fascinada con los chilenos y el paisaje de esta tierra, está


Manuela Paradeiser, austríaca oriunda de Viena, administradora de la Hacienda Los Andes. Con 20 años de experiencia como jinete, Manuela no sólo ha recorrido miles de kilómetros a caballo por los Andes de Chile, sino también ha explorado México, Honduras, Guatemala y Europa. En el sur de Chile, Manuela y Clark administraron un centro outdoor profesional para excursiones de trekking a caballo.

Ahora, en el soleado norte chileno, los dos han hecho realidad un nuevo sueño: la Hacienda -500 hectáreas de reserva natural, jardines, un sendero informativo de 7 km, 3 km de paisaje ribereño a lo largo del río, habitaciones con ambiente colonial y caballos excelentemente entrenados.

Acompañados por pastores, ambos han recorrido el indómito mundo de la cordillera, siguiendo las huellas históricas de los Incas y de los buscadores de oro. Aquí ellos se sienten en casa.



 (Con cariñosos saludos de
Volker Westedt, Alemania)

Las haciendas, como se llama a las propiedades agrícolas de varios cientos de hectáreas, fueron introducidas en el siglo 16 por los españoles en América Latina. Era necesario el trabajo de muchos brazos para atender a los animales, y las tareas de siembras y cosechas. En el pasado, la hacienda fue centro de la vida de las personas. También para nosotros es la hacienda Los Andes centro de vida en medio de la maravillosa naturaleza. Desde nuestro río hasta la cumbre del cerro Gigante se extiende la Hacienda Los Andes con sus 500 hectáreas.

Sólo unas pocas hectáreas están destinadas a la agricultura. El resto constituyen zonas naturales protegidas, que se pueden descubrir a pie o montados a lomo de caballo. Dos senderos de caminata (4 y 7 km.) se internan por territorios pletóricos de naturaleza, pasando por campos de cactus, orillas de río, cajones y húmedaspraderas vírgenes. Rodeados de árboles y jardines, se alzan las casas de la hacienda: establos, el galpón, la casa central y la casa de hospedaje.

 



 
El río Hurtado suena desde tiempos remotos bajando a través del valle y corre a lo largo de tres kilómetros por nuestra hacienda. Sus aguas son fuente de vida para la naturaleza y los habitantes de la zona. Aquí crecen la melisa, el laurel y la menta, frutas, verduras y verde pasto. También el grandioso y rústico algarrobo, el árbol ancestral de la sierra.


De sus semillas los indios de la zona hacían pan. Su apacible vida fue destruida con la llegada de los incas, que invadieron estos territorios atraídos por sus yacimientos de oro y plata. Ellos usaron el antiguo paso de animales, que aún hoy atraviesa el valle, para llegar hasta Argentina.

Con los incas llegaron las técnicas de regadío, la construcción de canales en el valle. Los actuales habitantes de la zona -y por cierto también nosotros, en la hacienda- seguimos usando esos antiguos sistemas de canalización.



Nuestros Caballos



Criollos, así se llaman los caballos chilenos. Carácter: tranco seguro y serenidad, porque nunca ha habido manipulaciones en su crianza.
Nuestros caballos son domados sin violencia, en la hacienda no se usan ni espuelas ni látigos. Cabalgamos con nuestros caballos por las mismas huellas que los hombres de las monturas, los huasos, en Chile; en Argentina, los gauchos.

Working at close hands with out horses - a photostory:
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Las personas aquí viven al ritmo de la naturaleza. En invierno se preparan los huertas y los pequeños potreros. Se doman los caballos y se realizan trabajos manuales. La suave primavera, con su irrupción de flores, transforma el valle en un paisaje lleno de colores, rodeado de los nevados Andes.

Los habitantes del valle esperan ansiosos el verano, ya que las frutas, sean damascos o uvas; la verde yerba, el rebaño bien alimentado, son decisivos para el presupuesto familiar. Los días de otoño son suaves, y el tiempo se ocupa en la reparación de canales y en hacer arreglos en la casa y los caminos.

Los Andes, casi infranqueables, parecen haber fundido a las personas unas con otras. La hospitalidad, el sentido comunitario, el trabajo colectivo de los campos y las fiestas tradicionales son parte hoy aquí del día a día. Las puertas que se mantienen abiertas, testifican la apertura y honestidad de la gente.Aquí las cosas han cambiado poco. Hoy, es cierto, un pequeño camino de tierra atraviesa el fértil y verde valle del Río Hurtado, pero los animalessiguen cruzando por los senderos de Los Andes.

"¡Tranquilo!" gritan todavía hoy los caballeros -los hombres que van sobre sus monturas- y con ello no quieren decir sólo más despacio. Tranquilo quiere decir ¡calma, serenidad, libertad y paz!

 



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