Las
personas aquí viven al ritmo de la naturaleza. En invierno
se preparan los huertas y los pequeños potreros. Se doman los
caballos y se realizan trabajos manuales. La suave primavera, con su
irrupción de flores, transforma el valle en un paisaje lleno
de colores, rodeado de los nevados Andes.
Los habitantes del valle esperan ansiosos el verano, ya que las frutas,
sean damascos o uvas; la verde yerba, el rebaño bien alimentado,
son decisivos para el presupuesto familiar. Los días de otoño
son suaves, y el tiempo se ocupa en la reparación de canales
y en hacer arreglos en la casa y los caminos.
Los Andes, casi infranqueables, parecen haber fundido a las personas
unas con otras. La hospitalidad, el sentido comunitario, el trabajo colectivo
de los campos y las fiestas tradicionales son parte hoy aquí del
día a día. Las puertas que se mantienen abiertas, testifican
la apertura y honestidad de la gente.Aquí las cosas han cambiado
poco. Hoy, es cierto, un pequeño camino de tierra atraviesa el
fértil y verde valle del Río Hurtado, pero los animalessiguen
cruzando por los senderos de Los Andes.