NUESTRA HACIENDA

- UNA OASIS DE SILENCIO : CABALGAR Y DISFRUTAR EN NUESTRA HACIENDA
Las haciendas, como se llama a las propiedades agrícolas de varios cientos de hectáreas, fueron introducidas en el siglo 16 por los españoles en América Latina. Era necesario el trabajo de muchos brazos para atender a los animales, y las tareas de siembras y cosechas. En el pasado, la hacienda fue centro de la vida de las personas.
También para nosotros es la hacienda Los Andes centro de vida en medio de la maravillosa naturaleza. Desde nuestro río hasta la cumbre del cerro Gigante se extiende la Hacienda Los Andes con sus 500 hectáreas.
El río Hurtado suena desde tiempos remotos bajando a través del valle y corre a lo largo de tres kilómetros por nuestra hacienda. Sus aguas son fuente de vida para la naturaleza y los habitantes de la zona. Aquí crecen la melisa, el laurel y la menta, frutas, verduras y verde pasto. También el grandioso y rústico algarrobo, el árbol ancestral de la sierra.
De sus semillas los indios de la zona hacían pan. Su apacible vida fue destruida con la llegada de los incas, que invadieron estos territorios atraídos por sus yacimientos de oro y plata. Ellos usaron el antiguo paso de animales, que aún hoy atraviesa el valle, para llegar hasta Argentina.
Con los incas llegaron las técnicas de regadío, la construcción de canales en el valle. Los actuales habitantes de la zona -y por cierto también nosotros, en la hacienda- seguimos usando esos antiguos sistemas de canalización.
Las personas aquí viven al ritmo de la naturaleza. En invierno se preparan los huertas y los pequeños potreros. Se doman los caballos y se realizan trabajos manuales. »La suave primavera, con su irrupción de flores, transforma el valle en un paisaje lleno de colores, rodeado de los nevados Andes.
Los habitantes del valle esperan ansiosos el verano, ya que las frutas, sean damascos o uvas; la verde yerba, el rebaño bien alimentado, son decisivos para el presupuesto familiar. Los días de otoño son suaves, y el tiempo se ocupa en la reparación de canales y en hacer arreglos en la casa y los caminos.
Los Andes, casi infranqueables, parecen haber fundido a las personas unas con otras. La hospitalidad, el sentido comunitario, el trabajo colectivo de los campos y las fiestas tradicionales son parte hoy aquí del día a día. Las puertas que se mantienen abiertas, testifican la apertura y honestidad de la gente.Aquí las cosas han cambiado poco. Hoy, es cierto, un pequeño camino de tierra atraviesa el fértil y verde valle del Río Hurtado, pero los animalessiguen cruzando por los senderos de Los Andes.
"¡Tranquilo!" gritan todavía hoy los caballeros -los hombres que van sobre sus monturas- y con ello no quieren decir sólo más despacio. Tranquilo quiere decir ¡calma, serenidad, libertad y paz!.









